Uno en el Señor

Desde pequeña mi mamá me decía: “Ora por tu futuro esposo” y por tu futura familia y nunca dude en hacerlo; pero con el tiempo y la rebeldía me olvide de ello. Siempre viví cerca de los grupos de la iglesia desde los 3 años, pero no conocía a Jesús y llevaba una vida sin Él. Fue hasta los 20 años tuve un encuentro cara a cara y de corazón palpitante, cuando decidí renunciar a la vida que llevaba, muy lejos de la voluntad de Dios y empecé una nueva vida junto a Jesús, y con ello, una búsqueda incansable de mi vocación.

Mi amor por Dios creció tanto que sentía un deseo muy fuerte a la vida religiosa y ciertamente no dudaba de ello, porque hoy en día casi nadie quiere irse a un convento: ¿Por qué Dios no me quisiera de religiosa? Oraba incansablemente por saber a qué congregación debía de ingresar, pero nunca tuve una respuesta de Dios hasta un año después.

Dios de una manera muy especial me hizo saber que no me quería en una congregación; sino en una familia. Para mí fue un shock muy grande y más el saber quién sería mi compañero de vida, porque jamás me imaginé al lado de una persona como mi amado esposo.

Cuando los dos nos dimos cuenta de lo que Dios quería de nosotros emprendimos esta aventura, aún en discernimiento, primero en el centro vocacional, después con nuestros directores espirituales para tener la certeza de que Dios nos llamaba al matrimonio.

Después de 3 años y 8 meses de un noviazgo lleno de misericordia de parte de los dos, altas, bajas y renuncias a nosotros mismos, pasamos a ser uno en el Señor siendo este el mejor día de nuestras vidas, donde vimos el fruto de nuestra oración y la promesa de Dios, hacerse vida en nuestras vidas.

Casi dos años después el Señor nos miró con misericordia y lleno nuestros corazones y nuestro hogar con la llegada de nuestro hijo. Con él podemos entender un poco mejor el amor de Dios, como Padre para con nosotros y nos ha enseñado aún más de esta vocación a la que fuimos llamados.

Encontrar mi vocación fue descubrir para lo que fui creada, nunca había sido tan feliz como ahora. Por eso siempre digo que una vocación bien discernida, es una vocación muy bendecida.

Martha Elena Silva L. (Parroquia Ntra. Señora del Rosario)

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